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21 octubre, 2011

La depresión postparto no es obligatoria





Fuente Original: El Confidencial


“Depresión postparto” son unas de esas palabras unidas indefectiblemente con la experiencia de ser madre. Es de los fantasmas que más acechan a las futuras madres, pero también la realidad con la que se enfrentan algunas de ellas.

Con mis compañeras psicólogas perinatales a menudo ha surgido el debate sobre si la tristeza y la depresión son normales tras dar a luz. Y entonces aparece la inevitable pregunta sobre lo que es normal y lo que no.

Si nos preguntamos si es normal estar triste después del parto, la respuesta general sería no. La naturaleza no puede haber creado un estado depresivo en la mujer al tener un bebé. Si el embarazo, el parto, la lactancia, forman parte de la salud sexual y reproductiva de la mujer, no cabe que haya malestar emocional. Entonces, ¿por qué muchas mujeres experimentan y hablan de ese malestar? ¿Qué ocurre?

Nos encontramos con muchas variables en juego para poder hacer afirmaciones generales. Reflexionemos sobre algunas de ellas.

La cultura. Vivimos en una cultura donde se muestran dos extremos difíciles de conjugar. Por un lado, todo el mundo tiene la imagen fantástica de la madre feliz dando el pecho con la sonrisa en la boca a un bebé gordito, rosadito, rubito, tranquilo. Por otro lado, la idea tan arraigada de que el parto es el mayor dolor del mundo, del sufrimiento de las largas noches sin dormir, de no volver a ser nunca la de antes, del sacrificio de la lactancia. Sin olvidar la idea subyacente de que en la sociedad hay que producir, que aquí no ha pasado nada y hay que volver al trabajo, a tener la figura de antes, a volver a ser la mujer sexy de antes. El trabajo y la maternidad son un gran dilema, especialmente para aquellas que han tenido que luchar mucho por su puesto de trabajo, por alcanzar unos objetivos profesionales.

Más allá de la cultura, de la norma subjetiva en la que viva la mujer, ésta no llega a la maternidad “virgen”, sino que viene con su mochila de experiencias vitales: su infancia, sus éxitos, sus fracasos, su dolor, sus sueños. Se pone de relieve sobretodo la propia infancia, cómo fue criada, qué quiere repetir en sus hijos y qué no. Más mujeres de las que imaginamos han sufrido abusos sexuales (según un estudio expuesto por la Fundación Vicky Bernadet, un 23% de las mujeres habrían sufrido algún tipo de abuso sexual en su infancia), y maltrato, así que las mismas experiencias del cambio del cuerpo, del tocarlo, el dar a luz, dar de mamar, pueden ser estímulos que despierten memorias que se creían dormidas.

Muchas mujeres llevan toda la vida luchando por olvidar y por salir adelante y, de repente, una palabra, un sentimiento, una sensación puede hacer tambalearse toda la seguridad emocional. No quiere decir que todas las mujeres que hayan pasado por malas experiencias vayan a tener una vivencia negativa de la maternidad, pero puede ser un factor importante. A algunas, sin embargo, la maternidad les ha dado fuerza, les ha demostrado que son capaces, que pueden confiar en sus cuerpos.

Muchas mujeres llegan a un embarazo después de un largo trayecto, de intentos, de técnicas de reproducción asistida, de pérdidas de uno o más bebés. Las pérdidas gestacionales son un tabú en nuestra sociedad, que no recibe la suficiente atención y comprensión y que provoca que las mujeres vivan sus experiencias en silencio, sin tener siquiera derecho a expresar cómo se sienten. Un nuevo embarazo puede ser vivido con mucha ansiedad, con mucho miedo a que la experiencia se vuelva a repetir. Otras pueden tener embarazos valorados como de alto riesgo debido a la pérdida, siendo una auténtica carrera de obstáculos difícil de llevar con serenidad sin el acompañamiento adecuado, y a veces ni con él.

Evidentemente, estando embarazada pueden ocurrir muchas otras cosas que pueden afectar: estrés en el trabajo, una enfermedad o pérdida de un familiar, un cambio de residencia, un cambio de trabajo, pérdida incluso de la pareja.

El propio parto marca la lactancia

Un punto que debería ser clave es la vivencia del parto. Una mujer no puede estar feliz si ha pasado un parto doloroso, o se le ha practicado una cesárea de urgencia, o ha habido problemas con la salud de su bebé, o se ha sentido no tenida en cuenta. Entre un 2-9% de los partos acaba con un cuadro de Trastorno de Estrés Postraumático, un diagnóstico diferente al de depresión postparto que pasa desapercibido o que se confunde con él. Además, las consecuencias físicas del parto afectan también emocionalmente.

Existe también la idea errónea de que si has tenido un bebé sano ya tienes que estar feliz, y muchas mujeres se sienten culpables por sentirse mal tras el parto, cuando deberían ser comprendidas y apoyadas por el entorno. Muchas veces, cuando nace una madre, viene con ella un paquete bajo el brazo difícil de desprender: la culpabilidad. Son las culpables de todo, y si algo sale bien es fruto de la suerte o de otros, pero nunca nada de lo que hacen, decidan o hagan está bien. Es difícil batallar con tanto palo en las ruedas y salir airosa.

No menos importante es el tema de la lactancia. La mayoría de mujeres, alrededor de un 80%, inicia la lactancia materna. Sin embargo, este índice desciende drásticamente en las semanas siguientes. ¿Qué ocurre? Muchas mujeres narran que no han tenido suficiente apoyo en caso de dificultades. Existe mucha desinformación alrededor de la lactancia. El dolor está relacionado con la depresión. Si no se trata o se soluciona es fácil que la mujer se sienta deprimida. El fracaso en la lactancia parece una batalla personal perdida, cuando todos los agentes están implicados: profesionales sanitarios, sistema sanitario, sociedad, familia…Y un duelo difícil de llevar cuando las campañas hablan de que la lactancia es lo mejor, dar de mamar es dar amor y no de cómo solucionar problemas o acercar los recursos, como grupos de apoyo a la lactancia, a las mujeres.

Aparte del dolor en el postparto, otros factores orgánicos pueden ser cruciales. El hipotiroidismo puede provocar estados depresivos. Muchos casos pasan desapercibidos y, por lo tanto, sin ser tratados adecuadamente. Ante una mujer con depresión en el postparto se tendría que hacer una valoración física completa.

Y por si todo esto no fuera poco, algunos bebés nacen con necesidades especiales, ya sea como consecuencia del parto, de algún trastorno, o con una hiperexcitabilidad emocional que les hace difícil de calmar o muy demandantes, lo cual puede ser muy agotador para los padres. También existe una idea mítica de lo que es un bebé que no se corresponde con la realidad y puede hacer ver problemas donde no los hay. Es conveniente conocer los ritmos normales de sueño, de alimentación, las necesidades afectivas y de seguridad de un bebé para poderlos acompañar sin ser una lucha.

La mayoría de las madres están solas tras dar a luz. A pesar de que las parejas pueden tener 15 días de permiso, son del todo insuficientes. Alrededor todo son consejos, interferencias, que más que dar apoyo, hacen sentir a la madre como una incapaz. Es por ello que los grupos de crianza, de lactancia, son tan beneficiosos. En estudios llevados a cabo por la OMS se ha podido comprobar que dotar de apoyo de otras mujeres a la nueva madre puede reducir la incidencia de depresión postparto un 60%.

El apoyo de la pareja, de la familia también es crucial. La maternidad y paternidad son una situación completamente nueva que puede poner en jaque a la pareja. Por la experiencia llevando grupos de preparación a la maternidad/paternidad, cuanto más han participado conjuntamente en todo el proceso, mejor adaptación.

Ante todo este panorama, quizá si nos volviéramos a preguntar si es normal o no sentirse triste tras el parto, podríamos contestar que con todas estas circunstancias que no deberían ser normales, la depresión sería normal, ¿no?

Pero, y ¿qué podemos hacer?

Uno de los primeros puntos sería la prevención. Que desde la niñez se explicara qué es lo normal en el embarazo, parto, postparto. Cuando se habla del aparato reproductor apenas se habla del parto y de la lactancia, por ejemplo. Deberíamos romper con la imagen del parto doloroso y peligroso. En la preparación al parto se deberían dar más herramientas para afrontar los miedos, para dar más seguridad y sensación de control, al igual que mejorar la atención al parto en general, sin minimizar las variables afectivas y emocionales, y en el postparto asegurar que las madres no estén solas. Existen en nuestro país muchos programas que deberían generalizarse y promocionarse: contacto madre a madre, grupos de crianza, de lactancia, espacios familiares. Por otro lado, los profesionales deberíamos estar más formados y actualizados y no caer en la ‘opinología’ tan habitual.

Si por nuestra historia personal llevamos mucha carga convendría liberarnos de ella antes de llegar a la maternidad, es una manera de afrontar los retos más adecuada. Sino, nunca es tarde para trabajar en una misma.

Si la depresión postparto está presente, lo primordial sería que la valorase un profesional experto en la materia, que evaluase bien todas las variables y que se pudiera plantear una estrategia de intervención.

En cuanto al tratamiento de la depresión, la mayoría de antidepresivos, por ejemplo, son compatibles con la lactancia. Para más información, pueden consultar este artículo de la psiquiatra Ibone Olza.

La farmacoterapia puede ayudar, pero también puede ser totalmente insuficiente para según qué situaciones o causas. Una psicoterapia que ayude a fortalecer a la persona, a procesar experiencias traumáticas, a acceder a los recursos propios, puede ser fundamental. Normalmente cuesta ponerse a ello, además de los prejuicios que existen alrededor de la psicoterapia, pero una vez que las mujeres empiezan, salen altamente beneficiadas. Algunos profesionales de la psicología y la psiquiatría no ponemos impedimentos en acudir a consulta con el bebé, incluso a veces se puede hacer un trabajo conjunto que beneficie también a la criatura.

Por último, algunas investigaciones están apuntando hacia el consumo de Omega3 para combatir la depresión por su efecto antiinflamatorio a nivel cerebral, así como hacia la realización de ejercicio físico regular. La liberación de neurotransmisores como la dopamina o las endorfinas podría ser la responsable que el ejercicio equiparara sus resultados al de un antidepresivo.

La depresión postparto no es obligatoria, se puede prevenir y se puede tratar.

*Cristina Silvente


19 marzo, 2011

¿Esto que me pasa es normal o me estoy volviendo loca?

Por Sara Jort


“Cuando mi bebé nació todas las previsiones que tenía se fueron al traste... nada era como yo pensaba. Yo me sentía extraña, no me reconocía.... De repente, las conversaciones con mis amigas, ninguna de ellas madre, no me resultaban de interés. Mi madre y yo discutíamos siempre que venía a casa a vernos, no sé porqué me irritaba tanto su presencia... A veces lloraba sin una razón aparente, por cualquier cosa.... Pero lo que realmente me preocupó fue que, cuando mi bebé dormía, ¡no podía evitar ir a ver si respiraba!.............¿Esto será normal o es que me estoy volviendo loca?....”

Laia, 32 años.


A menudo escucho experiencias como esta, y no sólo eso, como madre también he tenido algunas de estas sensaciones. Aunque cada maternidad es una vivencia única, es a la vez, un relato común.

La maternidad es un cambio muy importante en la vida de una mujer que afecta a todos sus ámbitos: laboral, de pareja, social, ocio, familiar... y es totalmente normal pasar por un periodo de transición, nos adaptamos a la nueva situación. Nos rompe los esquemas, y hablo en un sentido totalmente literal. Cuando en el ámbito de la psicología decimos que la maternidad es una crisis vital estamos queriendo decir en otras palabras esto mismo, es un cambio en la vida tan excepcional que exige ajustes personales nuevos, ya que los recursos anteriores no nos sirven en la nueva situación.

“Yo pensaba en el embarazo y el parto, nunca pensé en nada más. Yo creía que tendría a mi bebé y ya está, que yo sería la misma, todo sería igual, pero con mi “baby mocosete”.... Y luego vino lo que vino...”

Amparo 37 años


Nace una madre, y con esta nueva identidad un abismo de dudas, inseguridades, miedos.... En poco tiempo, hay que buscar nuevas maneras, nuevos roles y funciones para la madre, el padre y todo el sistema familiar. El bebe obliga a recolocar como si de un nuevo puzzle se tratara, pero con las mismas piezas que se han utilizado hasta ahora: un padre, una madre, una abuela, un hermano etc... Las nuevas necesidades fuerzan al cambio en el sistema familiar que debe adaptarse, provocándose en muchas ocasiones disputas y rencillas que aparecen o que estuvieron en “stand by” hasta este momento.


La identidad materna se construye a través de la historia personal, la propia vivencia de la infancia, actitudes y características personales etc... así como por el contexto social que las envuelve. Actualmente nos vivimos en una sociedad y una cultura que se mueve de manera muy contradictoria respecto a la crianza de nuestros hijos/as, y el núcleo familiar sufre mucho esta ambigüedad. De alguna manera todas las personas tenemos una definición propia de lo que es una “buena madre” y un “buen padre”, y esto va a funcionar como una guía fundamental ya que representan las directrices del proyecto de familia que queremos llegar a ser.


A todo este movimiento personal y familiar le unimos un elemento, que creo no se le da la importancia que realmente tiene, pero que desde mi punto de vista es principal: el cansancio. Sabemos perfectamente que no estamos hablando de cansancio físico, de haber corrido más que de costumbre esa mañana, o haber tenido mucho trabajo, que se acaba después de dormir algunas horas más de las habituales. Se trata de un cansancio de otro orden que viene de ocuparse de un bebe veinticuatro horas al día los siete días de la semana, del peso de la responsabilidad de un personita que depende totalmente de tí, la novedad de la situación...... Es un cansancio que no desaparece tan fácilmente, ya que es del área más emocional y energética. Todos estos elementos producen que en la maternidad/ paternidad se de en muchas ocasiones una sensación de vulnerabilidad o sensibilidad especial:


“Cuando nació mi segunda hija me sentía como si no tuviera piel, cualquier cosa

me tocaba y me afectaba sobremanera.”

MaJose 29 años


Por esta misma razón, comentarios aparentemente insignificantes, casi siempre del tipo de “llora porque tiene hambre”, “lo vas a malcriar si lo llevas tanto en brazos”, etc.... de la abuela del bebé, o de la vecina que viene de visita, caen como bombas... Sin saber exactamente porque, nos hieren profundamente. Son comentarios que hacen diana en el centro de la máxima preocupación, nuestra propia confianza, la disminuyen poniendo en duda nuestras aptitudes como madres a nuestros propios ojos y a los ajenos:


“¿Pero que pasa? A las madres, las tías.... ¿que se les ha olvidado cómo se pasa en estos momentos? ¡Todo el mundo diciéndote lo que tienes que hacer!.... Yo espero que cuando mi hija sea madre, me acuerde de esto, para no caer en el error de hacerle comentarios de como ha decidido cuidar a sus hijos/as...”

Alejandra 41 años


Madres buscando a madres

En este contexto, resulta fácil entrever que la necesidad de apoyo aparece con mucha fuerza, pero no de cualquier apoyo, sino de aquel que nos da espacio para poder hablar y ser entendidas, en ese lenguaje que no todo el mundo comprende. Aquel apoyo que nos da aliento, nos da seguridad, exactamente el de otra madre experimentada o guía, una figura materna, que proporcione confianza y un “ambiente de contención” (así le llaman algunos/as profesionales). Es una interacción que favorece la necesidad de seguridad así como el intercambio de experiencias entre madres.

Soy una gran adepta de los grupos de madres en todas sus modalidades: talleres de apoyo a la lactancia materna, grupos de posparto, grupos de crianza, foros especializados... cada mujer encuentra el propio. Estos grupos normalmente respetan y favorecen estos espacios de contención, libres de juicios y opiniones, y la madre se siente cómoda fácilmente ya que todas comparten el mismo momento vital y experiencias similares. Así encuentra a mujeres referentes o compañeras afines, que formaran su red de apoyo.


“ Después del nacimiento de mi primera hija quise que mi pareja me acompañara un día al grupo de posparto, que tanta importancia tenia para mi. Por casualidades de la vida la matrona nos reunía en su casa, concretamente en la cocina, a veces mientras cocinaba un pastel de cumpleaños para alguno de sus cuatro hijos. Una vez acabado el taller yo le pregunté entusiasmada a mi pareja que le había parecido, y él me contesto que no había entendido nada, que todas hablábamos a la vez y que no sabía bien que le encontraba a aquello. Mi frustración fue tremenda, para mi había sido todo tan interesante....”

Sara 30 años


¿Y por que otras madres?


Porque el padre nos proporciona apoyo emocional en el mayor de los casos, pero no tiene la legitimidad de una madre, nunca pasó por lo mismo.


Porque la abuela materna del bebe muy a menudo, es fuente de conflicto inicial hasta que cada rol se resitua, (¡la hija ahora es madre! ). Pero esto no será siempre así, la relación esta pasando por un tránsito necesario que dará lugar a un nuevo vínculo entre la abuela y la madre, diferente al que existía antes del nacimiento del bebe.

Porque no siempre hay hermanas, tías, abuelas... cerca de las madres para realizar el sostén vital que necesita una mujer en este momento tan característico.


Porque las madres necesitan otras madres para hablar de bebes, de ellas, de todo lo que les está pasando, porque estos contactos nos ayudan a sobrevivir cuando maternamos en soledad, como sucede habitualmente.


Christiane Northrup en su grandioso libro “Cuerpo de Mujer. Sabiduria de Mujer” relata: “Una de mis pacientes me dijo: Me sentí una con todas las mujeres que han parido alguna vez. Me sentí poderosa y conectada con algo de mi interior que no sabía que estaba ahí. Ocupé mi puesto entre las mujeres madres.


Enero 2011- Sara Jort

www.sarajort.es


29 diciembre, 2010

Depresión y Lactancia Materna


¿Cómo afecta la depresión en la lactancia materna?

¿Se puede amamantar si se está con tratamiento farmacológico? ¿Es mejor limitar las tomas nocturnas para mejorar la depresión y descansar mejor?

Existen muchos mitos en relación a la Depresión Postparto y uno de ellos es en relación a la lactancia materna.

La depresión es un riesgo grande de cese de la lactancia. Se ha relacionado la sintomatología depresiva con una baja autoeficacia en el hecho de amamantar, teniendo las madres con depresión menos confianza en su habilidad para amamantar.

Las especialistas en lactancia deberían poder detectar la depresión en el postparto.

Las dificultades en la lactancia, las grietas, el dolor, también pueden afectar negativamente el estado de ánimo de las nuevas madres, por lo tanto, los problemas de lactancia deberían ser solucionados de manera inmediata.

Según sabemos, la fatiga, el cansancio, afectan el estado de ánimo y siempre se intenta que la madre esté lo más descansada posible en caso de alteración emocional. Pero ¿qué pasa entonces con la lactancia? Pues parece ser que las madres lactantes descansan más que las madres que dan leche de fórmula, y que cuando las madres intentan dar leche artificial por la noche para dormir más se encuentran con el efecto opuesto. Parece ser que dormir con los bebés ayudaría también al sueño de las madres. En este mismo sentido, la fatiga y el estrés materno parecen incidir en los niveles de prolactina, pudiendo facilitar el cese de la lactancia. Altos niveles de cortisol, hormona que se segrega en estados de estrés, podrían retrasar la lactogénesis II (la producción de leche en las primeras horas postparto).

Por último, la lactancia materna podría proteger a los bebés de los efectos negativos de la depresión materna de los que habla la literatura, por lo tanto, se debería apoyar a las madres para poder continuar con la lactancia.

El gran tema tabú es la incompatibilidad entre tratamiento farmacológico y lactancia materna. Numerosos estudios demuestran que muchos medicamentos antidepresivos son completamente compatibles con la lactancia. En España disponemos de esta base de datos donde consultar la seguridad de los medicamentos: e-lactancia.org.

Es importante añadir que la psicoterapia se ha demostrado efectiva para el tratamiento de la depresión y existen también otros tratamientos complementarios que han demostrado su eficacia para reducirla, como son el Omega-3, el ejercicio físico, así como ayudar a reducir el impacto de los acontecimientos estresantes en la madre, aumentar su autoeficacia y su sentimiento de competencia como madre (para ello ayudan los grupos de apoyo a la crianza, la lactancia, talleres de masaje infantil, etc.). Como algunas de las causas de la depresión postparto radican en su historia de trauma (incluído un parto traumático), abordajes integrales como el EMDR pueden ser una buena herramienta también para la DPP.


Más información: Kathleen Kendall-Tackett. Depression In New Mothers. Secon edition. Routledge. 2010.

Kathleen es Psicóloga de la Salud e IBCLC en Texas, EEUU


Cristina Silvente

05 diciembre, 2010

Depresión en las nuevas madres


Os invitamos a ver este precioso video que habla sobre la depresión en las nuevas madres creado por Kathleen Kendall-Tackett, Ph.D., IBCLC. Está en inglés, eso sí.